opinion


La fotografía como disciplina artística

Aldo Vicencio

El arte no ha sido y no es ajeno al desarrollo tecnológico de la humanidad. Inmerso en su intimidad más profunda, también hace acopio de las consecuencias que trae consigo un instrumento como lo es la cámara fotográfica. Es difícil situar con precisión, cronológicamente, en qué punto de la historia de la fotografía esta empezó a ser concebida como un medio artístico. A esta noción se le podría ubicar por mera practicidad en la propia aparición de la cámara.

Resulta evidente que desde el mismo origen de la labor fotográfica en siglo XIX, aún dentro del paradigma decimonónico de pretender captar fielmente la realidad, la fotografía empezó a ser entendida por algunos como un elemento fundamental para distorsionar el mundo sensible, y crear expresiones genuinamente artísticas.

Como la pintura o la escultura, la fotografía encarna en sí misma un contexto histórico y social específico. A través de ella se materializa la idea de que el arte es la expresión de su tiempo bajo la mirada del artista, y que es, de acuerdo a algunas posturas estéticas, la pulsión de superar o trastornar lo que llamamos realidad, además de retomar y adecuar elementos previos en la obra.
Rosalind Krauss, a partir de las teorías estéticas de Gillez Deleuze, consideró que la fotografía es una copia falsa de la realidad: En la captación de la realidad intervienen unos elementos ajenos (una película con una determinada sensibilidad, unas lentes, etc.) que hacen de la fotografía un simulacro, que la desvían de la verdad del modelo1 .

Estos elementos no sólo son usados por fotógrafos profesionales, sino también por artistas, a los cuales podemos denominar artistas-fotógrafos. ¿Qué diferencia hay entre un talentoso fotógrafo y un artista-fotógrafo? A pesar de que prácticamente un buen observador podría acusar de pocas diferencias entre ambos, es lícito decir que la diferencia – sutil en ocasiones – es la presencia de un proyecto artístico-ideológico, es decir, una noción muy específica de lo que es la realidad y cómo se debe incidir en ella.

Con esta idea, la fotografía deja de ser rival de la pintura, y se convierte en el instrumento con el cual el artista-fotógrafo deconstruye el mundo. En la actualidad, la cámara fotográfica ha permitido a los artistas visuales usar técnicas y efectos que parecían ser exclusivos de la disciplina pictórica. Así es como hallamos trabajos como el de David Hockney, el cual con su cámara, ha realizado obras con imágenes múltiples que recuerdan a los retratos cubistas de Picasso.

Este ejemplo pone de relieve que en realidad la pintura nunca ha predominado sobre la fotografía y viceversa, e inclusive, en la actualidad ambas se han complementado, generando novedosas técnicas visuales y nuevos discursos del arte.

Podemos decir que el artista-fotógrafo experimenta la excitación de un cazador al acecho, el dedo sobre el disparador, esperando pacientemente el momento exacto del disparo2 . En definitiva, los motivos abstractos del arte también son inercias emotivas, es decir, un conocimiento sensible, cifrado en la imagen que capturó un sujeto específico, un artista. En una fotografía artística, encontramos no sólo un discurso que distorsiona – o inclusive disuelve- la realidad, sino también sostiene la idea de lo que es el mundo, describiéndolo como un entorno susceptible de sentirse e interpretarse a partir de la deconstrucción de sus conceptos básicos y sus elementos visuales más representativos e íntimos.


Aldo Vicencio
Poeta, ensayista y pasante de Licenciatura en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.


1 Guasch, Anna María, El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a lo multicultural, Alianza Editorial, España, 2005, pp. 432-433.
2 Gombrich, Ernst H., La historia del arte, Phaidon, China, 2009. Pág. 625.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *