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¿Campaña nacional de vacunación contra el virus de la lectura?
Maria Tesesa Cordeiro

Muchos hablan sobre ciudades patrimonio, ciudades creativas, ciudades conectadas, pero también existen las ciudades lectoras. En diversos viajes he tenido la oportunidad de conocer este tipo de localidades en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Cuba y ya ni se diga en ciudades europeas, cuyos ciudadanos leen en promedio dos libros por mes, es decir, 24 libros al año; esto es un altísimo índice en comparación con lo que leemos los mexicanos: 2.6 libros anuales, según el más reciente estudio realizado por la Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura en el año 2013.

Este estudio arrojó que de los encuestados el 54% no lee libros y 35% dijo que no ha leído un solo libro en algún momento de su vida, a diferencia de un 64% que sí lo ha hecho y el 1% no contestó. Esto significa que en nuestro país más de la mitad de la población mayor a 12 años no lee libros por gusto, mientras que una tercera parte nunca ha tenido un acercamiento con uno de esos materiales escritos (esas compilaciones de hojas con palabras que no les dicen nada, no les significan nada a los ciudadanos comunes).

Las políticas públicas federales, estatales y municipales en México sobre el fomento a la lectura, entonces, no están funcionando. ¿Por qué razón? ¿Existe algún motivo por el cual los jóvenes y los adultos no leen? ¿Acaso se les “vacuna” desde las escuelas? ¿Las bibliotecas públicas y las salas de lectura se encuentran en crisis? ¿De quién es la culpa? ¿Es responsabilidad de los padres, los maestros, los promotores de la lectura, el gobierno de cualquier nivel? ¿Será que las estrategias se construyen desde un escritorio y no llegan a implementarse para la correcta atención de la ciudadanía? ¿Qué es leer? ¿Bastan 20 minutos al día? ¿Hay una diferencia entre “descifrar las letras” y otorgarle un significado a las palabras? ¿Dónde empieza el hábito a la lectura?.

Leer consiste en interpretar lo que se descifra, pensar, reflexionar, crear, construir mundos, creer, analizar, evaluar, sentir, comunicar. Yo creo que la responsabilidad de la lectura es de todos. Si los padres no leen, los hijos no leen. Si los maestros inician sus cursos en secundaria con La Iliada, La Odisea o la Celestina, ¿cómo esperan que los jóvenes se sientan identificados con estas lecturas?. Si los promotores de la lectura no están correctamente capacitados y no cuentan con un salario digno, ¿cómo esperamos que tengan la energía para contagiar a chicos y grandes de la pasión que se necesita para iniciar una lectura?. Si los gobiernos no apuestan por estrategias innovadoras, frescas, contemporáneas, adecuadas a la realidad que vive actualmente la sociedad, ¿cómo se espera que la ciudadanía vaya a una biblioteca pública a pedir prestado un libro o que tenga ganas de ir a ese espacio deteriorado, sombrío y poco amigable? y sobre todo, ¿cómo se espera que se queden 20 minutos al día para leer?. Otra verdad: los salarios mínimos apenas alcanzan para cubrir las necesidades de una familia y los libros son un producto muy caro, inalcanzable, y no son de primera necesidad, no se consideran vitales (aunque sean tanto de primera necesidad como vitales para la formación de un ser humano).

Así, con estrategias públicas que se difuminan en esfuerzos sin sentido, que no se aplican a la realidad de cada comunidad: rurales, pequeñas ciudades, ciudades medias, grandes o megalópolis, será inútil seguir implementándolas en cualquier lugar. He hablado anteriormente sobre el adecuar las estrategias públicas a la realidad de cada ciudad, las estrategias culturales y artísticas nacionales funcionan cuando se incluye a los gestores culturales locales en la construcción o adecuación de dichas estrategias. La verticalidad de las políticas públicas culturales hace mucho daño a las comunidades, su horizontalidad suma, no resta y, asegura que tengan un mayor impacto, una mayor permanencia en las ciudades.

Ahora bien, no basta con tener bibliotecas dignas, ni bibliotecarios capacitados. Con lo acelerado de la vida actual, es necesario también innovar, acercar a los ciudadanos el poder seleccionar, elegir, tomar un libro y disfrutarlo, hacerlo suyo “por accidente” porque “me lo encontré o él me encontró”. Aquí radica la importancia de programas de fomento a la lectura que rompan los paradigmas de que sólo en una librería o en una biblioteca se pueden obtener libros: utilizar las calles, las bancas de un parque o de la plaza principal, la parada de un autobús o el centro comercial. Debería haber libros disponibles para los ciudadanos cada tres cuadras, en cada colonia, fraccionamiento o barrio… libros para niños pequeños, para pre-adolescentes, para adolescentes y jóvenes, para adultos, mujeres y personas adultas mayores. Historias para todos, para cada contexto, para cada realidad. Una red de libros viajeros que vayan y vengan, que los tengan en el norte de la ciudad y en dos meses ya estén en el sur. Que se desgasten de tanto que han sido leídos. Círculos de lectura informales donde los amigos o amigas comenten sobre lo que se “encontraron” en una banca o en una repisa que parecía tronco de árbol en el parque.

Las ciudades lectoras son una realidad. Hay que provocar a los ciudadanos. Hay que alentar a los gestores culturales que se especializan en fomento a la lectura a ser creativos, innovadores, a probar otros esquemas, otras estrategias, a desacralizar las bibliotecas y las salas de lectura, a convertir las salas de las casas de los ciudadanos en salas de lectura comunitarias. ¿Nos atreveremos a ir contra la corriente? 20 minutos al día es ridículo si no se tienen los libros adecuados. 20 minutos al día con el libro adecuado y la estrategia adecuada podría funcionar si todos, en especial padres, familiares, amigos, vecinos y maestros asumimos la responsabilidad de leer frente a los niños, con los niños y los jóvenes. Se regalan muchos juguetes y ropa ¿por qué no incluir un libro que nosotros hayamos previamente leído para compartir la lectura? La lectura tendría que ser una actividad familiar como jugar futbol o a las muñecas. Hay historias de futbol, de muñecas y de seres fantásticos, de mundos imposibles y muy cercanos. Hay fantasía y hay libros basados en la realidad. No vacunemos a los niños, niñas y jóvenes tratando que lean textos que no les entienden, ni el lenguaje les es cercano. Empecemos por lo fácil: ¿qué les gusta? ¿Qué quisieran ser de grandes? Seleccionemos ese tipo de libros. Funciona.

Las ciudades lectoras se construyen en comunidad. Desde la base. Con los vecinos. Con los amigos. En las plazas, en el parque, en el autobús. Entre varios o en soledad, en la recámara. Antes de dormir o mientras vamos a trabajar, mientras esperamos a alguien. En el café o bajo un árbol. El libro es el mejor compañero que se puede tener y una aventura segura. La lectura es un virus muy contagioso si sabemos expandirlo.

Las ciudades lectoras son posibles, pero tenemos que empezar por leer nosotros, contagiarnos nosotros para después contagiar a otros. Los ciudadanos quieren leer, pero quieren leer cosas que los atrapen. Para todos hay, eso es lo maravilloso de la literatura. Construyamos ciudades lectoras desde la base, contagiadísimas del virus de la lectura: en las familias, en los grupos de niños y niñas que juegan en los parques, en las escuelas, en las banquetas donde se reúnen los jóvenes a escuchar música, en la casa de la comadre… ciudades lectoras, vivas, sedientas por saber cómo terminan las historias. Ciudadanos con el virus de la lectura. ¡Basta ya de una campaña de vacunación contra la lectura! Hagamos de la lectura una aventura y seleccionemos libros, lugares y mecanismos donde los ciudadanos pidan más y más ejemplares. Las ciudades lectoras pueden ser una realidad en nuestro país. ¿Te quieres contagiar?


María Teresa Cordeiro
Gestora cultural desde hace más de 14 años, cuenta con una maestría en Políticas Culturales y Gestión Cultural por la UAM – Iztapalapa y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) con experiencia en el sector gubernamental, además desde 2009 fue Directora de la Conferencia Nacional de Instituciones Municipales de Cultura A.C. (CONAIMUC). Actualmente se encuentra en España realizando un posgrado.



www.funlectura.org.mx/

www.encuentroconaimuc.com

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