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El arte en la mira
Alexis Hellmer

Sé que estoy frente a una obra de arte cuando su contemplación no me deja indiferente. Me parece, en efecto, que esa es una de las características esenciales de toda pieza verdaderamente artística. El arte está ahí para sacudirnos, para estremecernos.

Tal estremecimiento, sin embargo, conlleva frecuentemente el espanto. Se trata, creo yo, de una experiencia cercana a la religiosa, a la que Rudolph Otto describía como mysterium tremendum et fascinans (misterio tremendo y fascinante). Tremendo, claro está, en el sentido de ‘digno de ser temido’, pero también ‘digno de reverencia’. Y si el arte es algo equiparable a la religión (en alguna forma), eso explicaría el que los conflictos entre religiones y culturas devengan muchas veces en la censura e incluso en la destrucción de monumentos artísticos.

Los últimos años han visto un retorno a la barbárica destrucción del patrimonio artístico de una vasta región del mundo, sede otrora de algunas de las primeras civilizaciones conocidas. De este modo, han perecido sitios de incalculable relevancia como Nimrud, una de las capitales de los asirios, y numerosos edificios en Palmira, ciudad de Siria cuya historia puede ser rastreada hasta el Neolítico. La lista, desde luego, podría ampliarse considerablemente.

A medida que el terror se apodera de más y más territorios en Asia y África, cabe esperar que mucho del arte presente en esos sitios se pierda definitivamente para la posteridad. El conflicto bélico no sólo está dejando una crisis de refugiados sin precedentes, sino que está causando además una de las mayores catástrofes culturales de que se tenga memoria, cuando menos en la historia moderna.

Hasta ahora, Occidente no ha sabido cómo dar solución a esta amenaza y, por desgracia, llega a veces a atentar contra sí mismo, contra su cultura milenaria; con lo que, en el fondo, no parece distinguirse demasiado de los terroristas islámicos a quienes enfrenta en el discurso y con las armas. El incidente ocurrido en Roma durante la reciente visita del presidente de Irán, Hasán Rouhaní, da cuenta de hasta qué punto el arte es víctima incluso de sociedades supuestamente desarrolladas culturalmente. No se trató, esta ocasión, de obras de arte destruidas a golpe de mazo o con el uso de explosivos. Se trató de algo, en apariencia, menos perjudicial, pero que, a la larga, podría tener consecuencias igualmente significativas.

Durante la visita de Estado del mandatario iraní a la capital italiana, numerosas estatuas clásicas de los Museos Capitolinos fueron completamente cubiertas por contener desnudos. La causa, según se explicó, fue que se quería evitar ofender la susceptibilidad del Jefe de Estado de una república confesional islámica. Llama la atención que haya sido precisamente Italia, orgullosa siempre de su pasado romano hasta la exageración, y más aún, Roma, sede bimilenaria de la Iglesia Católica, las protagonistas de esta acción por demás chocante en el siglo XXI, en una Europa multicultural.

Y es que el respeto por la religión y la cultura de otros pueblos no debería convertirse jamás en la anulación (aunque sea ésta simbólica) de la propia cultura. La actitud de las naciones occidentales ante la aniquilación de una parte importante del patrimonio ancestral de la humanidad debería ser de un profundo respeto y una exaltación de todo aquello que ha nutrido por siglos a pueblos y naciones muy diversos. Bastante peligroso es, por otra parte, cuando respetar la cultura ajena implica necesariamente renunciar a la propia, obliterarla, cancelarla detrás de una mampara, pues eso también es un retorno a la barbarie, menos violento, pero tan dañino como cualquier otro.

Alexis Hellmer

Amante de la literatura clásica y de su enseñanza, Alexis Hellmer es un latinista mexicano que busca conservar, proteger y promover la cultura ancestral de Occidente a través de la integración del latín en la vida cotidiana como generador de cambio para los individuos y las sociedades. Actualmente traduce textos del latín al español e imparte cursos de latín y griego a niños, jóvenes y adultos en diferentes instituciones como la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

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