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Emprendimiento “social”: ¿pleonasmo de moda o adjetivo necesario?

Arturo Estrada, Miguel Rendón, Eduardo Correa

Un emprendimiento es, en principio, la realización de un deseo personal o colectivo, con un fin específico. Hay personas que tienen una inspiración o vocación de servicio y la convierten en un negocio. Inspiratĭo que en latín significa: el primer aire que le da inicio a una idea o la vida misma. Un emprendimiento tiene vida propia, es todo un sistema que parte de un concepto creativo y se vuelve realidad a través del trabajo.

Sostenibilidad, creatividad, transparencia, participación, responsabilidad, tecnología, compromiso son los pilares de los nuevos modelos de negocio, describe el libro Sectores de la Nueva Economía 20 + 20, publicado en el 2010 por el Ministerio del Trabajo del Gobierno Español (Monzón et.al.).

Economía social, economía digital, industrias de la creatividad, economía abierta y economía verde son los sectores empresariales que corresponden con las nuevas demandas sociales, según estudio de más de 100 casos.

Ashoka, una organización internacional con un capítulo en México, acuñó el concepto de emprendedor social público con su Secretaría de Desarrollo Social. Ha encontrado en la economía social una herramienta para cambiar los enfoques del desarrollo sostenible del país, que ofrecen a los jóvenes oportunidades de continuar sus estudios y obtener mejores empleos a través de actividades productivas de sus comunidades, evitando que sean reclutados por grupos delictivos.

El afán de maximizar el beneficio individual beneficia a la sociedad en su conjunto: “No es la bondad del carnicero la que lleva a abastecer de alimento a sus semejantes, sino su impulso egoísta de beneficiarse y lucrar” argumenta Adam Smith en La riqueza de las naciones. La discusión puede extenderse, pero basta con la noción que cualquier emprendimiento debe satisfacer una necesidad social. A continuación, una curiosa anécdota que ejemplifica la cuestión:

En una revista virtual llamada Yorokobu, leí hace unos meses una historia que buscaba ejemplificar la idea del emprendimiento social: un grupo de jóvenes decidieron iniciar un negocio vendiendo bienes básicos de consumo, como hortalizas, jabón o papel, a una comunidad con alta marginación. Lo que no contaba la historia es que desde hace cientos de años dentro de ciertas comunidades, como la mixteca poblana, es un acto cotidiano y permanente el sistema de abastecimiento mediante el cual los habitantes se organizan para que a través de pedidos cada cierto día de la semana un encargado vaya a la ciudad más cercana a hacer las compras colectiva de sus necesidades particulares, para regresar a repartirlo y terminar obteniendo una retribución económica por tal acto. La diferencia es que hoy en día una actividad como esa se le celebra con mucho entusiasmo y se le engloba bajo el manto del “emprendimiento con sentido social”. Sin embargo, ¿por qué celebrar el sentido social de la economía como algo original? ¿por qué se impulsa con tanto interés hoy en día al emprendimiento social? (Aguilar, 2016)

¿Se ha desvirtuado tanto el sentido original de la economía? ¿Qué es necesario volver a dotarla de sentido? ¿Puede ser tendencia similar a la “responsabilidad social corporativa” como un lavado de imagen o de conciencia de las corporaciones más “sucias”? ¿Puede haber emprendimientos no sociales? ¿O social se vuelve un apellido necesario para describir el espíritu cooperativo y solidario de algunos proyectos empresariales?

Según Silva (2007) el emprendedor no es neutral y “Las épocas históricas no son neutrales. Sus actores más poderosos establecen un sistema de ideas para interpretar la realidad, un sistema de técnicas para transformarla y un sistema de Poder (institucionalidad: reglas políticas, roles epistemológicos y arreglos institucionales) para controlar dicha realidad”. Cada época marca el concepto de emprendimiento y emprendedor, que responde a la cultura y el imaginario dominante.

Así, en la época del extrativismo, los cazadores, pescadores y recolectores encarnan a los emprendedores y su sistema de ideas, técnicas y su poder era relativo a su forma de subsistencia y organización social. En el agrarismo, el emprendedurismo estaba relacionado con la producción y la expansión de los mercados para comercializar y obtener materias primas. Los exploradores, expedicionarios, aventureros y conquistadores de las nuevas tierras encarnan al emprendedor histórico. En el industrialismo se ha forjado el concepto actual del emprendedor capitalista, ejemplificado en la imagen del self-made man, representado por hombres como: Ford, Taylos, Rockefeller, Carnegie.

Es muy interesante analizar la relación entre un emprendimiento y el emprendedor social. Estamos acostumbrados a escuchar las historias tradicionales enmarcadas en un enfoque basado en resultados individuales. El nuevo paradigma consiste en construir empresas más justas, cooperativas y socialmente responsables; que sean conscientes de la huella ecológica, que sean creativos para resolver de una forma distinta los retos de su actividad, transparentes en sus gestiones internas y externas, que tengan un enfoque participativo, hábiles en las nuevas tecnologías y con un compromiso de grupo.

El reto de los emprendedores sociales es construir, en equipo, una base sólida de valores que permitan crear núcleos de desarrollo profesional que integren, los deseos del individuo a un fin común.

El verdadero reto de los emprendedores sociales es establecer nuevas prioridades, poniendo en primer plano el bien común. Expresar una misión colectiva, que fomente el desarrollo comunitario deber ser la inspiración de los nuevos emprendimientos.

Referencias

Monzón, J; Antuñano, I; Serrano, F. (2010) Sectores de la nueva economía 20+20. Fundación EOI. Madrid.

Artículos:

Aguilar, E. Emprendimiento ¿social? en Territorio. Número 12. Marzo 2016. Recuperado en http://revistaterritorio.mx/emprendimiento-social.html

Silva, DSJ. (2007) El emprendimiento social en el cambio de época. Worlds and knowledges Othermise


Arturo Estrada, Miguel Rendón y Eduardo Correa
Alumnos de la Maestría en Gestión de Empresas de Economía Social por parte de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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