Las industrias creativas en México: un futuro para la cultura

Pedro Daniel García Muciño

Texto publicado en revistapensamientolibre.com

Desde hace relativamente poco tiempo se comenzó a medir el impacto que los bienes y servicios culturales aportan a la economía nacional; si dejamos de lado la tradicional visión de costo y gasto que la materia genera, y la miramos como un activo que, efectivamente, dados el impacto y los alcances de sus acciones, son parte indiscutible de la actividad económica nacional. Esta visión se reforzó con datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, quien reconoce que la aportación de la cultura al PIB es de 2.8 por ciento, lo que se traduce en 450 mil 683 millones de pesos.

A ello se suma, que según los resultados preliminares de la Cuenta Satélite de la Cultura de México en 2014, los empleos vinculados con el sector cultural ascendieron a poco más de 1 millón 25 mil, que representan el 2.4 por ciento respecto del total de empleos a nivel nacional.

Con este panorama, vale la pena plantearse la necesidad de establecer el mecanismo idóneo para apuntalar el desarrollo de las actividades artísticas y culturales, no sólo desde el enfoque de la promoción y la difusión, sino también dentro de las cadenas de valor que generen ingresos a sus protagonistas y partícipes, con evidente repercusión en la economía nacional.

Es claro a la vista que parte de ese mecanismo son las empresas creativas y culturales, tomadas en cuenta por sí mismas o como una parte de la industria turística nacional. Son lideradas por empresarios o emprendedores organizados con el propósito de producir y comercializar temas culturales, ya sea en productos como en servicios. Sus alcances pueden ser locales y filantrópicos o comerciales de carácter regional o nacional; generan fuentes de empleo y fortalecen la identidad cultural de las sociedades en cada una de sus manifestaciones, para el consumo de públicos extranjeros.

El florecimiento de estas agrupaciones, que son cada vez más visibles dentro del complejo entramado de la actividad cultural, debe ampliarse y promoverse con fuerza para garantizar que todos sus componentes generen impactos positivos y actúen como puente entre los sectores económico y cultural, de manera que pueda encararse el reto de desarrollar un sistema sostenible de industrias culturales, que de forma natural les permita involucrarse en aspectos económicos.

Para ello, es indispensable la participación de diversos sectores de la sociedad, que articulen acciones con miras a generar un mercado de consumo cultural que propicie su desarrollo y supere las complejidades de la formalización legal, los requisitos fiscales y la confusa ponderación de sus costos; factores que generan desaliento y desinterés en quienes tienen todo para dar el paso pero se retraen, se autoexcluyen y se mantienen temerosos de correr el riesgo.

Por otra parte, no debe perderse de vista que las industrias creativas; ya sea un músico o artista que presta sus servicios particularmente o una agrupación formal que genera productos artísticos para ponerlos a la venta, sin olvidar nichos de oportunidad como el diseño, la cocina de autor, la industria editorial independiente, los festivales o las artesanías; están siempre a la expectativa de la volatilidad financiera. Comprometidos con su disciplina, se ven obligados a capacitarse constantemente, pero con la debida visión emprendedora y la incansable búsqueda de financiamiento, además del intercambio de experiencias exitosas gracias a las nuevas tecnologías, puede consolidarse un proyecto de negocio capaz de generar espacios laborales y derrama económica en su entorno, y que a mediano y largo plazos incentive a nuevos emprendedores.

Por lo anterior no es exagerado señalar que el futuro de la cultural en México irá aparejado al crecimiento y consolidación de más industrias creativas, que sin alejar a la cultura de su sentido primigenio, como una manifestación de la creación humana; empezarán a motivar condiciones multiplicadoras que a su vez generarán más acciones artísticas y culturales, con lo que el sector evitará depender exclusivamente del presupuesto público y podrá asumirse como productivo, redituable y trascendente en materia de ingresos; que dignifique la labor del artista o creador, quien ya no puede conformar su satisfacción al aplauso del público, sino que a través de su trabajo tomará un lugar en la fórmula económica que contribuye al desarrollo nacional.

El reto corresponde sin lugar a dudas al sector público que deberá ser capaz de arropar sin reservas el crecimiento de estas industrias e impulsarlo; de tener una adecuada visión para participar en la formación de públicos de consumo cultural, de alentar a la iniciativa privada y de fortalecer el mismo crecimiento en la investigación y la academia, que termine por generar un círculo virtuoso que romperá paradigmas y añejas concepciones de todos los involucrados, empezando, desde luego, por los mismos artistas y creadores, para ubicar con altura de miras, el lugar que la cultura merece como factor fundamental del desarrollo económico y social de nuestro país.


Pedro Daniel García Muciño
Maestro en Derecho, subdirector del Instituto Mexiquense de la Juventud y Presidente de la Fundación Ideas Libres, A.C.

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